martes, 8 de septiembre de 2009

El minuto de Pablo Fortunato: "Graficado" de borracho



La vida de los hombres está compuesta por idas y venidas, altibajos en todos los aspectos, que marcan el camino que cada persona seguirá a lo largo de los años. No es fácil cargar, de esta manera, con el peso de lo que fuera un vicio que además la gente lo asume como identikit de, para colmo, un deportista.

Ariel Ortega es uno de estos casos. Ni la más común de la marihuana, ni la cocaína con la que alguna vez un ídolo argentino de la pelota se vio involucrado. Más simple que eso. Alcohol. Vino. Bebida obtenida de la fermentación de la uva.

“El cartel de borracho no me lo saca nadie”, aseguraba el Burrito por 1998. Y no. ¿Por qué sacárselo? Los problemas personales de los deportistas venden, y más cuando se trata de una estrella, un ícono, un jugador que estuvo en la Selección.

Sin embargo, Ariel sonreía. Al menos así se lo ve en la tapa de El Gráfico en la que figura con grandes letras amarillas lo que siente. Pero un hombre atormentado por lo público de un problema personal nunca puede estar tranquilo. Es verdad, su vicio repercutía en su trabajo, pero no da motivo a potenciar los hechos.

Privacidad. Una simple palabra, respaldada por lo más alto del sistema jurídico argentino: la Constitución Nacional. ¿Es libre cada persona de hacer lo que quiere en su ámbito privado? Sí. ¿Deberían proporcionarle a alguien con un problema la ayuda necesaria? Sí, pero sólo desde el ámbito familiar y laboral, la gente que disfruta de sus goles no debe por qué enterarse de a qué hora vuelve los sábados.

Basta de atormentar.

Por Pablo Fortunato

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